• 25 de septiembre de 2026 20:56

PULSO CIUDADANO

Tu Espacio de Expresión

La Universidad no se hereda en silencio: pensar la UNAM desde sus cimientos

La Universidad no se hereda en silencio: pensar la UNAM desde sus cimientos

Hablar de la Universidad Nacional Autónoma de México suele provocar una mezcla inmediata de orgullo y nostalgia. Recordamos sus murales, su historia viva, las aulas donde se han debatido los rumbos del país y el peso simbólico de sabernos parte del proyecto cultural y educativo más importante de México. Sin embargo, el verdadero afecto por una institución no radica en contemplarla como un monumento inmóvil, sino en asumir la responsabilidad crítica de mantenerla vigente, justa y a la altura de su tiempo.

Hoy atravesamos un momento decisivo. La coyuntura nacional y global exige instituciones públicas sólidas, transparentes y capaces de generar certidumbre frente a los cambios sociales, tecnológicos y democráticos. En este escenario, la UNAM no puede ser una espectadora pasiva: debe reafirmar su carácter de conciencia crítica de la nación. Y para lograrlo, el fortalecimiento institucional no vendrá por inercia burocrática ni por discursos solemnes; vendrá de la vitalidad interna de su propia comunidad.

Fortalecer la Universidad pasa, indispensablemente, por entender qué significa defender su autonomía. La autonomía universitaria no es un escudo para aislarse del escrutinio ni una abstracción jurídica; es la garantía cotidiana de que el conocimiento, la docencia y la investigación florezcan sin presiones externas, dogmatismos ni subordinaciones políticas. Defender la autonomía significa proteger la pluralidad de ideas, asegurar condiciones dignas para quienes enseñan e investigan, y garantizar que las decisiones sobre el destino universitario se tomen con rigor académico y vocación de servicio público.

Pero una autonomía auténtica requiere, como correlato natural, una representatividad real y compartida. La legitimidad de la vida universitaria descansa en el diálogo constante entre dos pilares fundamentales: el alumnado y el cuerpo docente.

No hay universidad viva sin profesoras y profesores respaldados, cuya labor formativa cuente con estabilidad, reconocimiento y herramientas actualizadas frente a las exigencias pedagógicas contemporáneas. Del mismo modo, no hay universidad con futuro sin una comunidad estudiantil activa, que deje de ser vista como una receptora pasiva de decisiones y asuma su papel como interlocutora válida, crítica y propositiva. Cuando la voz de las aulas —desde el bachillerato hasta el posgrado— encuentra canales institucionales genuinos para incidir, la política universitaria deja de ser un trámite cupular y se convierte en un ejercicio democrático cotidiano.

Mejorar la UNAM implica mirar de frente sus retos pendientes: cerrar las brechas que aún persisten entre planteles, democratizar el acceso a la cultura y la tecnología, consolidar espacios seguros e incluyentes libres de violencia de género, y dignificar las condiciones del trabajo académico. Atender estos pendientes no debilita a la institución; al contrario, la blinda. La hace más fuerte, más representativa y más cercana a las realidades de quienes la habitan día con día.

La Universidad no se defiende con resignación ni complacencia. Cuidar a la UNAM significa participar, disentir con argumentos y construir propuestas con altura de miras. El futuro de nuestra casa de estudios no se define en abstracto: se decide en cada pasillo, en cada aula y en la disposición de su comunidad para tomar la palabra con madurez, rigor y un profundo compromiso con lo público.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *